miércoles, 28 de diciembre de 2011

Del tiempo, aprendí a andar de prisa.

Estamos a cuatro días de un año "nuevo".  Me atreví a ponerlo entre comillas porque de alguna u otra forma no encuentro la novedad con el paso de un día. Lo único que innova es el número de año arriba del margen en las libretas de los niños, en nuestro ordenador o en el móvil donde a diario le recuerdas vía sms a esa persona que la amas.
Sí, porque ellos, los años tienen por virtud la eternidad y por supuesto tienden a ir siempre de prisa.
Yo, a diferencia de ellos, soy menos compleja; mi andar es pausado y no permaneceré aquí por mucho tiempo.
Justo hoy quisiera ser como el año 1999 anhelando crecer y ser 2000.
¿Lunática,  yo? No lo creo, sólo quiero saber qué se siente ser trascendental en la vida de muchos, albergar por años en los recuerdos de otros tantos y, ¿Por qué no?, quiero que alguien espere mi llegada como yo nunca dejé de esperar la suya.
Dos mil doce. ¿Qué espero?. Lo mismo que ayer.
Equilibrio, equilibrio, y sí, un poco más de equilibrio. Y no me refiero a  mantenerme durante minutos parada en un pie mientras levanto un brazo.
Dos mil once. ¿Qué me llevo?. A todos en absoluto.
Me llevo a aquellas personas que confían aún en mí y a las que desconfían también, esperando que algún día lo hagan.
A los que lastimé, ya que aún tengo tiempo para pedir perdón y coser con mis palabras uno a uno los retazos de la fé que puedan aún tener en mí.
Y cómo olvidar al desamor. Ya que  fue él, el que sin mi permiso, se vistió de villano poniéndole nombre y orden a mi ahora historia de amor.

¿Dos mil doce en tres palabras?
•Serenidad
•Valor
•Sabiduría

Y...
¿Cuáles son tus tres?


Feliz año "nuevo". 

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