viernes, 12 de octubre de 2012

Adivina quién ha venido hoy a verme.

Octubre ha llamado a mi puerta, al parecer esta vez no ha llegado sólo. Trae consigo un racimo de rosas, un puñado de arena  por si nos falta tiempo y medio kilogramo de estrellas.

Le observo desde la ventana. Se ha dejado crecer la barba; y trae además retocadas las ganas.

Todo está oscuro ya,  sin embargo, puedo quitarme el ojo derecho, mismo con el que no le sé guiñar para hacía él llegar. ¡Total!, los surcos de mis manos aprendieron a confiar.

Le abro la puerta, mis ventanas y mis brazos.
Apago mis temores y aprisiono al monstruo que habita en mi interior, para que sosegado pueda estar.

¡En buena hora has llegado, Octubre!
Ven, conmigo...
Vámonos lejos de todo pasado, de todo error, prejuicio, duda, incertidumbre, deslealtad, desesperanza, intranquilidad, desamor, apatía...
Serán tus manos el volante; no me apetece hoy la deriva. Me he alejado de todo barco.
Transita a velocidad media mis largas piernas.
Piérdete y encuéntrate en mí.
Deja huella, por si un día al partir, puedas regresar.

¡Vamos, Octubre!
 Llena de ti mis vacíos, une mis vértices, recorre mis aristas, contempla mis lunares.
Enciéndeme y valórame como el último cigarro de esta noche.