martes, 11 de junio de 2013

Carta a todas mis catástrofes.

Hoy me acordé de ti, no he podido borrarte de mi cabeza.
Tu piel sigue rotulada en cada surco de mis dedos, cómo desconocer tus cabellos negros como la noche y largos como inviernos, así, como en la canción de Delgadillo, de tu inseguridad, de tus vestidos carmesí, de tu piel multicolor, de tu sonrisa incolora,  de tus gruesas piernas, las mismas que por muy largas que fueran, siempre daban pasos cortos, de todas las ganas que tenías de volar, de tus derrumbes, de tus escasas lagrimas cargadas de una revolución de sentimientos, de tus emociones, de tus ideas banales, de tus descubrimientos, de tus letras, de tus silencios, de tus pensamientos, de tus sueños ( esos, los mismos que comprometían tu pensar al no poder recordarlos), de tus zapatos bajos queriendo mirar más alto.

Sí, hoy me acordé de ti y ya no dueles.
Hoy me acordé de ti y no me apena.
Hoy me acordé de ti y lo grito.
Hoy me acordé de ti y también lo callo.
Hoy me acorde de ti y sonrío.
Hoy me acordé de ti y camino.

Hoy me acorde de ti y lo escribo, porque ya no tengo nada que esconder.
Sí, hoy me acordé de la que hace unos meses fui, de la que ya tanto hablé, de la que ahora recuerdo, pero no extraño.

No encuentro mejor forma de concluir que con esto.
Quizá me entiendan, quizá no. ¡Qué más da!. A menudo ni yo me entiendo.


"Hoy no te puedo esperar, pequeño desastre animal"


Descansa bonita, recuerda que ya te estoy cuidando.