domingo, 8 de diciembre de 2013

Y si quieres venir, trae una copa de vino.

Una vez más estoy aquí, con la crudeza que unos aborrecen y sin las palabras de amor que los otros esperan. Para ser sincera, nunca he sabido despedirme, desprenderme en su totalidad de un "algo" o "alguien", más bien creo que con el tiempo la gente aprende a discernir a quién necesita en su vida y a quién no, es ahí cuando te das cuenta que a muchas personas ya no les sirves o al revés.

"Todo caduca con el tiempo" bien dice aquella película de Julio Medem, la inspiración, por ejemplo, me ha dejado aquí tirada, ayudándome solamente a recordar que un día valí un par de besos, otro apenas un abrazo, una sonrisa, una canción, unas cuantas letras, la resaca de alguien, el arrepentimiento de otros, chocolates, una caminata, la compañía de febrero, un regalo de cumpleaños, una tarea escolar, un capricho...

Hoy, María vale la sonrisa de alguien que le mira llegar, las ansias de un mañana, las ganas de formar una familia, un abrazo sincero, historias para antes de dormir, besos con los ojos cerrados y el abrir por mirarla feliz.

No sé cuánto tiempo resida en sus vidas; quien se acerca a la mía sólo observa momentáneamente, así como lo haces al mirar algo en un aparador que te atrae mucho; sabes que ese algo te sería muy útil, pero sigues tu camino sabiendo que no te es indispensable en ese momento.
Como ya lo escribí al inicio, las despedidas nunca han sido mi fuerte; sólo espero que el tiempo corra y puedan conservar a las personas que son en realidad importantes.

Hoy, tengo a la persona por la que tanto escribí (quizá eso responda a mi ausencia por estos rumbos), tengo 5 hermanos, a mis dos padres, un par de amigos, la seguridad, la confianza, el equilibrio que buscaba y con eso me quedo por mucho tiempo.

 ¿Y tú, con qué te quedas?...


No hay comentarios:

Publicar un comentario