jueves, 5 de junio de 2014

No es falta de inspiración, es exceso de amor.

¿Hola?...
Quizá quede apenas nadie esperando mi tardía escritura, es más, nunca supe quién estaba detrás.

Hoy con las manos repletas de esperanza y un corazón más latente que de costumbre vengo a escribir.
Me cuesta hacerlo, debo admitirlo. Me siento como aquel niño que cursa el primer año de primaria, después de unas largas vacaciones de verano, donde lo último que hizo fue sostener un lápiz.
La práctica se va, las palabras sólo hablan de lontananza y yo, callando como siempre.
 No es falta de inspiración, les juro que es exceso de amor y últimamente falta de tiempo.

En este día no hay tema nuclear, no hay frases para concluir y pensar un rato, no hay guión, sólo está él.
¿Él? te preguntarás y te quejarás diciéndome que siempre ha existido un alguien el cuál jamás le he nombrado.

Sí, él, en tercera persona, pluralizándonos para volvernos uno.
Sí, él, el de la piel nivea y cabello castaño.
Sí, él, el de las malas decisiones y arrepentimientos.
Sí, él, el escritor de la libreta azul, donde a menudo nos comparte a su intimidad y a mí cuánto me ama y cuán loco está por mí.
Sí, él, el del mes de octubre.
Sí, él, del que tanto callo y tanto escribo.

Definitivamente es él.

No necesito escribir tu nombre, porque sé que tú me estás leyendo, y sé que lo harás mañana o en una semana o quizá en menos y sabes, no necesito de más lectores...

Contigo me basta.