viernes, 31 de octubre de 2014

Este año me voy a disfrazar de olor a lluvia.

Aquí estoy nuevamente para sorpresa de muchos ( o de quien vino por casualidad); aquí, en el rincón menos intangible que existe, pero donde verdaderamente puedo ser yo.
Donde no hay miedos, sólo metáforas abortagadas y palabras que acabo inventar.
Donde la necedad únicamente existe en los puntos y las comas, que bien podrían llevar otro ritmo, pero vaya que peco de pausar.
Aquí, en la sexta linea, donde se despoja de mí cada sueño; donde me convierto en la ridícula mujer que sufre y escribe.

Para ser sincera he dejado de escribir debido a que he estado muy ocupada queriendo ser María por otras partes. Le he dado la oportunidad a las amistades, a mi familia, a mi escuela y he dejado de escuchar a esas voces que redactaban de manera trágica mi vida. Quizá nunca lo he contado y es cosa muy común, pero cuando escribo con frecuencia, mi mente no me permite nunca un momento sola.

Como ya es costumbre, he perdido el hilo y no hay historias. Hoy sólo vine a despojarme de la María que dejé allá afuera, de aquella que ríe, que baila, que canta, que sueña, que besa, que abraza, que estudia. Hoy vine a ser la persona que tiene miedo al fracaso, la que mira a tientas la amistad, la de los sueños, la perezosa, la torpe, la del carmín rojo y chongo alto, la que seguramente no conoces, la de los cinco hermanos.

Ya no hay tizas que dibujen cabellos rosas, ni cinturas más delgadas; mis amigos están caducos, los zapatos bajaron la mirada, los vestidos son dos tallas más, las malditas golondrinas ahora viven, "lo mejor que estaba por venir" de hace meses aún no llega ya nadie me llama Octubre, cerré la ventana porque ya una vez se escapó el tiempo sin verte, ya no me quito el maquillaje ni para sonreír, los fantasmas se han ido (y no me sorprendería verlos volver), el tiempo jamás me enseñó a andar a prisa, las sonrisas siguen queriendo medir 180°, últimamente les ha atraído la precisión y la inspiración me ha dejado aquí tirada, eso sí, como siempre.


Vetusta Morla, aquí y allá afuera.