martes, 1 de diciembre de 2015

Por pasar, pasó la vida.

Es tarde ya, en realidad últimamente lo es. El desamor nos ha hecho impuntuales, desinteresados del tiempo.
En ocasiones, cuando en mi cabeza no hay cifras por calcular pienso en cómo se burlará de mí aquel puente desteñido por el que transito casi corriendo a diario.

¿Sabrá que un día pasé de la mano de la persona que amo?
¿Nos recordará sonriendo?
¿Reconocerá mis pisadas? Así como el ortopedista que tanto odié de niña.
¿Tendrá la cara de la anciana que finge barrer para llevar una moneda a casa?
¿Tarareó la canción que venía escuchando alto alguna vez?

A menudo caminando esa y un mil preguntas llegan a esta cabecita dura que sufre por pensar de más.

Estoy aquí, sentada, con esta libreta en mano, como es costumbre. ¿Mañana quién estará aquí? Quizá nadie  recordará que a esta hora en este sitio estuve aquí, es mas, apenas minutos me vaya nadie se percatará. Porque nos hemos vuelto distraídos, las personas que están a un costado no merecen nuestra atención, somos frívolos ante tantas muertes y desgracias, que quien no está hoy, mañana merece lagrimas que en dos días secarán. ¡Vaya desaventura vivir para ser recordado sólo un día!

Somos efímeros, fugaces, nos desvanecemos y tengo miedo. Miedo a no ser más que el arrepentimiento de alguien un día, sólo un puto día; miedo a no dejar rastro, a ser una más de los que ya nadie echa de menos.

En que nadie recuerde que adoro el té de canela por las tardes, los cuentos de papá en el sillón individual, que Medem no sólo es un palíndromo, que el doce jamás me ha traído nada, pero es el que le nombré mi número de la suerte; que jamás confío en la suerte y prefiero hacer ya las cosas bien, que un día me llamé Octubre, pero que hoy es diciembre; que "mejor tarde para que te echen de menos, pero no tanto para que te manden a la mierda"; que las medias, los tercias, quintas partes nunca son suficientes para el uno que somos; que uno más uno no siempre son dos, en definitiva y que Ana además de ser un palíndromo soy yo...

Pero eso sí, que nadie lo sepa...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Manual práctico para ahogarse en un vaso de agua contenido de peces de ciudad.

Hace unas horas mientras estudiaba para un examen, en mi aparente ansiedad llegó además de pan y café hirviendo la siguiente pregunta: ¿Eres quien quieres ser?
Y claro, no estaría ahora pensando de más de haber llegado a mí una respuesta afirmativa o una evasión. De haber asentido no quisiera ahora recortar mi cabello, teñirlo, hacerle un flequillo, cambiar el color de mis labios para después de clases, o las personas que están a mi lado.

Dice Sabina que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver, pero he hablado ya de encierros, de paredes que no son cuatro, pero que acojonan, y sé también que es ahí donde mis monstruos bailan. Donde soy la que anhelo, donde las baldosas amarillas ceden paso a mis vestidos floreados, donde mis brazos al descubierto no sufren de pena y los espejos tienen pactos con los ojos que quiero que me miren, y que me miren bien, cómo sonrío, cómo se ilumina mi rostro tras el resplandor del sol, que mire el ceño que tanto le critico a papá pero que para mi fastidio traigo en la frente, o cómo el invierno además de burlarse de mi sistema inmunológico me hace lucir más guapa.

Quizá elegí un mal día para pensar de más. No pienso seguir escribiendo por hoy, sólo puedo decir que he abierto ya la puerta, esperando que no le teman a la oscuridad...

Sí, es amenaza.


domingo, 2 de agosto de 2015

La misma voz en off de todos los espejos.

Hace tiempo una persona  (misma que he olvidado por completo) me aseguraba que el éxito de toda conquista radicaba en la longitud del cabello. En aquel entonces yo no era más que cabellos al hombro caminando por las avenidas, documentando lo que me habían dicho precedentemente.

Cubrí de metáforas cada asíntota de esta geometría cuadrática que heredé de mamá.
Le compartí un poco de temor a las alturas a mis pisadas y el de la velocidad a mis miradas.
Me aletargué en los sueños para olvidarme de los mundos perfectos que construí en mi infancia.
Pedí los deseos de todas las velas de cumpleaños que soplé con la mente en blanco.
Cante, y grité alto el disco de Nena Daconte que creí había escrito para mí.
Decoraba mis manos para desviar la atención de la cicatriz en mi mano derecha que marcó no solamente mi niñez.

En aquel entonces, yo era más que cabellos al hombro...
En aquel entonces era esperanza; agonía; temor, voces callando.
En aquel entonces los espejos querían decir la verdad.
En aquel entonces fui metáforas, paradojas e hipérboles, porque nunca está de más exagerar la realidad.

Hoy no soy más este intento de anáfora que no pude disfrazar, y claro, cabellos largos caminando por las avenidas. ¡Qué ironía! ¿no?



viernes, 26 de junio de 2015

Autobiografía que incluye tu nombre.

Despierto a la hora que me permitió el desvelo; cubro mi cuerpo, que ahora conozco  (o que me permití conocer y querer). Me levanto de la cama a diario sin percatarme de elegir el pie derecho, ya que hace años le arrebaté mi vida a la suerte. Peino mi cabello con un chongo enredado de paciencia y guerra entre la espera por unos centímetros más de largo y yo. Lavo mi cara, porque la vanidad de la noche anterior incluye más que cremas faciales miedo a envejecer. (Aunque a veces pienso que el verdadero temor radica en que se me agote el tiempo y darme cuenta de que no viví lo suficiente).

Con la precaución de siempre caliento el agua, que obviamente debe ebullir, porque ya lo he dicho antes; el café tibio me sabe a putadas, y de esas ya estoy hastiada. Coloco el disco firmado con la promesa del cantautor Gallego que me llamó guapa y sonrío a la espera de un pronto.

Suena la puerta con el timbre espantoso que papá nunca cambió, y escuchó el rodar de la carreola que pasea bajo frazadas de color rosa la voz que desconoce el alfabeto, pero que con sonidos y miradas me expone todo lo que ninguna persona supo decirme antes.

Velo a la orilla de tu cuna tu sueño, sin importar lo perezosa que soy, porque me queda claro que quien quiere contemplar un amanecer, cualquiera que sea, se tiene que despertar temprano.
Al día de hoy mi amanecer es el rosado de tus mejillas; tus abrazos que me saben al mes de abril y esas risas que pintan tal cual oleo la sonrisa que en veintiún años yo jamás pude provocarle a papá.

Cambias repentinamente el rumbo de este escrito, porque contrario a lo metódica que soy, me gusta que las letras me lleven a donde ellas deseen; soy la más puta si de palabras se trata. Que sean ellas las que hablen de personas que jamás me atrevería a mencionar; de las que no piensan en mí, o de las que creen  que les he olvidado, sin saberse metáfora de alguno de mis textos. Y ya entrada en andanzas, camino percatándome de obedecer lineas.

Lejos han quedado los días en que el ortopedista juzgaba mis pisadas a los cuatro años. Hoy transito cual funambulista sobre las baldosas amarillas desteñidas del lugar donde crecí pero aborrezco, con la sonrisa breve que le heredé a mi abuela, y la postura que le aprendí a la danza; acompañada siempre de un bolso grande, que sabe más de encierros que mi propio cuerpo.

Estudio una carrera que desconocía al inicio, pero que supo retarme y engancharme. Con retales de todas las clases confecciono mi futuro. En este lugar hay personas de pasillo que valen una sonrisa; están los que he visto pero desconozco; los que algún día escuché su nombre y a los que con esperanza les llamo amigos.

Regreso tarde a casa, en espera suya. Existen miradas por las que sencillamente naces y vives arrepintiéndote haber deseado estar muerta antes ¡Así de paradójico!

Está ahí, con su peculiar olor bajo la sien y ganas de dormir para el día de mañana despertarme como siempre, porque "en el fondo lo único que quiero... es verte amanecer".







martes, 23 de junio de 2015

"Nunca he sido un libro abierto, pero explico buenos cuentos, si quieres ahora que hay tiempo, empiezo a recitar el nuestro"

Es otro día, aparentemente. Estoy sentada en un lugar que he fotografiado ya, pero que desconozco por completo. Peculiar, ¿no?
Tal ejemplo es parecido al atrevimiento de afirmar que conocemos a alguien, o algo. No soy la más sabia, pero con el tiempo he aprendido a observar y discernir. Porque bien me lo dijo aquella profesora desarreglada, que por estricta todos odiaban (menos yo):

- "Recuerda siempre que el mundo es de quien sabe observar".

Y con esta miopía aún no declarada, desde entonces, no me pierdo los detalles; los contornos de cada persona; contemplo con atención sus manos; su caminar, para cuando me falle la vista mirarles a la distancia. Quizá eso me aleja de quien comienzo a sentir próximo y se me esfuman de los ojos, no sabiendo que sé diferenciar entre observar, ver y mirar.

Y desviándome un poco, pero muy paralelamente al tema, hablaré de ficción, por mera atención al título...

Había una vez un microcuento que me parecía lejano. Dentro de él habitaba un ser, que prefiero no llamarlo principe. Calzaba zapatos en tono camel. Recuerdo que lo más cercano que estuve de la felicidad al verlo fue el descubrir sus calcetines.

No olía a chocolate, ni siquiera a vainilla, y para ser sincera no encontré un olor que me hiciera recordarlo; lo busqué bajo su cuello pero sencillamente no apareció.
 Aferré mi historia a sus brazaletes de piel donde portaba un dios mucho más grande que el mío; le confié mi tiempo, pero ni siquiera me percaté de que aquel reloj carecía de luz, y era entonces demasiado tarde para encender algo.

Era alto, pero le aterraba mi estatura; punzante pero incapaz de herir, adoraba el sonido de la lluvia, pero se guarecía de un paraguas que aquella tarde olvidó; conoce París, pero estoy segura que no al amor... Ahora son demasiados detalles para un microcuento, ¿no?

Ya lo ves, el mundo es de los que observan. Es más, siendo lo suficiente curiosa y sincera, el mundo ni siquiera es color de rosa; es multicolor, como los calcetines que me hicieron sonreír un día...



sábado, 2 de mayo de 2015

Una osadía decir tu nombre sin sonar a ficción.

Mi madre me dijo un día que no sabía de la constelación de lunares que habitaba en su espalda, y me sentí dichosa al mostrárselos, ella solamente sonrió.

Hoy le voy a permitir a este espacio sonar a ficción: inventar nombres; como el poeta que me debe todos los lunes, o como al que le debo un lunar. Voy a hablar de Whisky; de noches en cama; de mis clavículas matando a alguien; de lo amoratada que me ha dejado el amor; de todos los cigarros que me he fumado sin saberlo al besar tus labios; de fotografías claras para aquellos que olvidan; y recuerdos confusos para los que no lo han hecho. Hablar de todas las mujeres que he sido; de Ana que apenas unos cuantos conocen; de María a secas; de la que vendió nubes mientras le suministraban misterios; de la tan onírica Insomnia; de mi peor versión que resbaló por no traer tacones, cayendo en unas manos que no supieron escribir mi nombre.

De todos los relojes que he ignorado en un abrazo; de todos los trenes que dejé pasar por temor a no saberme en un destino; del pobre destino que le llamé casualidad; y de la casualidad que quiso ser causalidad, pero no era lo suficientemente grande.

Hoy seré el personaje principal de todos los cuentos que papá ha escrito, para rescatarlos de la inmensidad del cesto de basura; hoy contaré lunares y comenzaré por mi espalda.



jueves, 16 de abril de 2015

De lógica y asaltos mentales.

Hojas en blanco para que la luz nos arañe la vista, y un bolígrafo negro que no se cansa de tachar palabras, como si fuera tan sencillo este acomodo.

Por favor no le cuentes a nadie de la linealidad de mi sonrisa; omite el extravío de mi labio superior y háblales de cómo se desafía lo indeleble de un labial.

No le cuentes a nadie de las marcas de mi piel y si lo haces recuerda que  "No quiero morir sin cicatrices", sí, muy al estilo "Fight Club".

No le cuentes a nadie de la ausencia de tacón en mis pisadas y de mi ahora estilo casual. Ni de los enredos de mi cabello a la hora de amar.

No hables de mis cuentos, canciones, miedos ni preocupaciones. Mucho menos de la que antes fui. Son tiempos nuevos, de reencuentros casuales acompañados de ¿Qué te hiciste?
Y sobre todo, no les cuentes que soy egoísta y diles que no hay receta.

No les cuentes que me perdí en la fugacidad de unas cuantas personas.

No les cuentes que las carcajadas en el patio del colegio son ahora irreconocibles, que se limitan a la brevedad de una mueca falsa.

No les cuentes que es cierto que escribir te hace triste; que la felicidad llena pero no nutre la imaginación (al menos no a mí).

Que gusto de leer a cabrones eternamente arrepentidos, y que les creo.

Que dejé mis pasiones por falta de tiempo. Presume lo bien que me sientan los zapatos blancos, el tocado con flores de ornato en mi cabeza, pero procura no decirles que  los colores neutros engrandecen mis ojos.

No le cuentes a nadie que supe de vicios cuando probé tus labios tras ocho fumadas largas.
Cuéntales y si saben un poco de Fisicoquímica básica, entenderán que por cuestiones de combustión el humo enciende. Y que ya nada es coincidencia.

Por favor, no le cuentes a nadie que la doble negación juega con mi cabeza.
Y ya en el juego, ¡cuéntales!
Recuerda que nada se niega dos veces...

Cosas de lógica y conflictos mentales.


"Cualquiera diría que somos adictos al humo que sale de tus cigarrillos" 

viernes, 10 de abril de 2015

Le dije "Tengo un monstruo en el armario".

¿Quién te dio permiso de aterrizar sobre la nube que piso?
¿Por qué hacerle cosquillas al cielo cuando a mí la lluvia jamás me dio tranquilidad?

"hay que saber llegar lo suficientemente tarde para que te echen de menos pero no tanto como para que te manden a la mierda" afirma la camarera donde aquel poeta hipoteca su equilibrio. Llegué tarde, pero no me echó de menos y no me sorprende, como a él no le sorprenden ahora estas letras.Supongo ha de estar acostumbrado al arte, a la magia de otras manos que no son las mías, a letras menos tristes, guerras entre hemisferios cerebrales, a otros dotes; a musas de verdad, no a remedos de poetisas; a tranquilidad para dormir; a costillas que le hieran, a caderas que no impacten.
Perdida en la cartografía de tus camisas a cuadros, en el riso de tus pestañas y en los enredos de tu barba estoy aquí esperando una respuesta tuya que lo cambie todo... pero no lo creo. 

Y no, porque ya no llueve; se acabaron los motivos que un día me hicieron "inolvidable"; Sabina ya no canta; las uñas amarillas que decoraban mis manos aquel día se despintaron; el descuento del café está caduco y no hay pretextos; tu nombre ya no es un misterio ni Bukowski el más cabrón.

Sólo para recordarte que con los miedos no se juega, a mí la oscuridad ya no me asusta y claro, mi monstruo del armario no era mentira...


martes, 7 de abril de 2015

Dejaré mi epitafio en tus manos.

Bienaventurados los que quieren a alguien que teme. ¿O no? 

¿Qué sucede cuando el temeroso ya no tiembla más? 
¿Por qué tendría que seguir haciéndolo?
¿Por qué hay tantas preguntas ahora mismo? 

Parece ser primavera y en estas manos no hay margaritas por deshojar, no hay un sol del cual cubrirme; no está el agobio de los abrazos del metro, esos que sin importar el reloj y la prisa del resto te vuelven uno. 

Lejos veo ya tu cercanía y la única lontananza que disfruto es de la que tanto canta Delgadillo.

No hay más letras por hoy, el sentido de este blog jamás ha sido jugar con la ficción por temor a engancharme en lo irreal...

¿Lo ven? Primera respuesta, sigue existiendo la temerosa
Quizá lo mejor sea buscar el resto.

lunes, 6 de abril de 2015

Soy mis consecuencias.

Desde que me dijeron que a las palabras se las llevaba el viento, me tiré al suelo esperando el mejor de los viajes. Sólo de esa forma me gustaría vagar; quiero quedarme, saberme presente en el pasado de alguien, o en lo impreciso de su futuro.
Soy de donde me quieren y mis letras son de quien quiero y siento, estén o no.
Ahora sí, ¡que empiece el viaje ya!

miércoles, 1 de abril de 2015

"Qué homenaje a la locura, qué victoria del deseo, qué batalla tan gloriosa siendo solamente dos"

Sentada como de costumbre, es que desde hace poco me ha dado por ponerme a esperar.
¿Qué?, quizá ni yo lo sepa. Es más, quizá ha llegado ya y mi desatención hizo que huyera despavorido para volver jamás.

Y ya siendo estricta con mi pensar, forzándole un poco y despertándolo de aquel letargo, me doy un instante. Porque es apenas un atisbo de imaginación lo que hoy me mueve.

Imaginar que me conoces y yo a ti. Que cada vez que pase por tu mente aquel cantautor, la primer nota que salga de su boca sea mi nombre.

Imaginar que al igual que yo esperas con ansias y que el verbo "ansiar" nunca antes había sido conjugado con tanto deseo. 

Imaginar que soy el alivio de todos tus males; el Whisky que bebes antes de cada mentira y el humo del cigarro para antes de dormir. 

Imaginar que soy de arcilla y puedes moldearme a tu antojo, con esas manos de las que tanto gusto.

Imaginar que brincoteas y te empapas de cada palabra.

Imaginar que el destino y la casualidad no se habían declarado antes la guerra por el simple hecho  de conocer tu origen. 

Imaginar que me escondo tras el deseo del soplar de tu vela de cumpleaños, aquel que sólo se pide en caso de emergencia, por si la suerte ayuda.

Imaginar que cada lunar de mi espalda está trazado infinitesimalmente para que no te pierdas en tu trayecto. 

Imaginar que hoy no te extraño porque para mi fortuna ya estás aquí, llueve y puedo guarecerme en ti. 





lunes, 16 de marzo de 2015

Luneciendo en mí. ¿Verdad, Borges?

La mujer de las borradores electrónicos está hoy de vuelta. Y no es que la tinta y yo no nos llevemos bien, es que me gusta como fluyen las ideas a través de mis manos; degusto el darle forma a cada palabra, puedo sentirle en el teclear.
Estoy aquí, después de un nunca nombrado descanso, invocando a la inspiración, aquella que de tanto he hablado y de paso, también a ti.

Cómo no dejarme llevar.
Cómo no hacer realidad este encuentro ficticio.
Cómo no sentirte.
Cómo hacerte mío a través de mis palabras.
Cómo no regalarte mi lunar preferido que posa bajo mi boca.
Cómo no apostarle una hora al sueño para allí, en un lugar que ambos desconocemos encontrarte.
Cómo no culpar a Sabina de sus predicciones.
Cómo hablar de empatía si jamás te has mirado en estos ojos que tanto te aclaman.
Cómo no declararle la guerra a la cobarde que soy.
Cómo no mirar a mi padre en una porción de ti.
Cómo no aventurarme a un pronto.
Cómo no desconfiar de un "ven".
Cómo no darte una razón más para no olvidarme...

Hoy, estoy aquí porque inspiras, porque lato y siento.
Hoy es un día frío, no se asusten, ya le hicimos cosquillas al cielo.