martes, 7 de abril de 2015

Dejaré mi epitafio en tus manos.

Bienaventurados los que quieren a alguien que teme. ¿O no? 

¿Qué sucede cuando el temeroso ya no tiembla más? 
¿Por qué tendría que seguir haciéndolo?
¿Por qué hay tantas preguntas ahora mismo? 

Parece ser primavera y en estas manos no hay margaritas por deshojar, no hay un sol del cual cubrirme; no está el agobio de los abrazos del metro, esos que sin importar el reloj y la prisa del resto te vuelven uno. 

Lejos veo ya tu cercanía y la única lontananza que disfruto es de la que tanto canta Delgadillo.

No hay más letras por hoy, el sentido de este blog jamás ha sido jugar con la ficción por temor a engancharme en lo irreal...

¿Lo ven? Primera respuesta, sigue existiendo la temerosa
Quizá lo mejor sea buscar el resto.

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