viernes, 10 de abril de 2015

Le dije "Tengo un monstruo en el armario".

¿Quién te dio permiso de aterrizar sobre la nube que piso?
¿Por qué hacerle cosquillas al cielo cuando a mí la lluvia jamás me dio tranquilidad?

"hay que saber llegar lo suficientemente tarde para que te echen de menos pero no tanto como para que te manden a la mierda" afirma la camarera donde aquel poeta hipoteca su equilibrio. Llegué tarde, pero no me echó de menos y no me sorprende, como a él no le sorprenden ahora estas letras.Supongo ha de estar acostumbrado al arte, a la magia de otras manos que no son las mías, a letras menos tristes, guerras entre hemisferios cerebrales, a otros dotes; a musas de verdad, no a remedos de poetisas; a tranquilidad para dormir; a costillas que le hieran, a caderas que no impacten.
Perdida en la cartografía de tus camisas a cuadros, en el riso de tus pestañas y en los enredos de tu barba estoy aquí esperando una respuesta tuya que lo cambie todo... pero no lo creo. 

Y no, porque ya no llueve; se acabaron los motivos que un día me hicieron "inolvidable"; Sabina ya no canta; las uñas amarillas que decoraban mis manos aquel día se despintaron; el descuento del café está caduco y no hay pretextos; tu nombre ya no es un misterio ni Bukowski el más cabrón.

Sólo para recordarte que con los miedos no se juega, a mí la oscuridad ya no me asusta y claro, mi monstruo del armario no era mentira...


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