sábado, 2 de mayo de 2015

Una osadía decir tu nombre sin sonar a ficción.

Mi madre me dijo un día que no sabía de la constelación de lunares que habitaba en su espalda, y me sentí dichosa al mostrárselos, ella solamente sonrió.

Hoy le voy a permitir a este espacio sonar a ficción: inventar nombres; como el poeta que me debe todos los lunes, o como al que le debo un lunar. Voy a hablar de Whisky; de noches en cama; de mis clavículas matando a alguien; de lo amoratada que me ha dejado el amor; de todos los cigarros que me he fumado sin saberlo al besar tus labios; de fotografías claras para aquellos que olvidan; y recuerdos confusos para los que no lo han hecho. Hablar de todas las mujeres que he sido; de Ana que apenas unos cuantos conocen; de María a secas; de la que vendió nubes mientras le suministraban misterios; de la tan onírica Insomnia; de mi peor versión que resbaló por no traer tacones, cayendo en unas manos que no supieron escribir mi nombre.

De todos los relojes que he ignorado en un abrazo; de todos los trenes que dejé pasar por temor a no saberme en un destino; del pobre destino que le llamé casualidad; y de la casualidad que quiso ser causalidad, pero no era lo suficientemente grande.

Hoy seré el personaje principal de todos los cuentos que papá ha escrito, para rescatarlos de la inmensidad del cesto de basura; hoy contaré lunares y comenzaré por mi espalda.