domingo, 2 de agosto de 2015

La misma voz en off de todos los espejos.

Hace tiempo una persona  (misma que he olvidado por completo) me aseguraba que el éxito de toda conquista radicaba en la longitud del cabello. En aquel entonces yo no era más que cabellos al hombro caminando por las avenidas, documentando lo que me habían dicho precedentemente.

Cubrí de metáforas cada asíntota de esta geometría cuadrática que heredé de mamá.
Le compartí un poco de temor a las alturas a mis pisadas y el de la velocidad a mis miradas.
Me aletargué en los sueños para olvidarme de los mundos perfectos que construí en mi infancia.
Pedí los deseos de todas las velas de cumpleaños que soplé con la mente en blanco.
Cante, y grité alto el disco de Nena Daconte que creí había escrito para mí.
Decoraba mis manos para desviar la atención de la cicatriz en mi mano derecha que marcó no solamente mi niñez.

En aquel entonces, yo era más que cabellos al hombro...
En aquel entonces era esperanza; agonía; temor, voces callando.
En aquel entonces los espejos querían decir la verdad.
En aquel entonces fui metáforas, paradojas e hipérboles, porque nunca está de más exagerar la realidad.

Hoy no soy más este intento de anáfora que no pude disfrazar, y claro, cabellos largos caminando por las avenidas. ¡Qué ironía! ¿no?