jueves, 5 de noviembre de 2015

Manual práctico para ahogarse en un vaso de agua contenido de peces de ciudad.

Hace unas horas mientras estudiaba para un examen, en mi aparente ansiedad llegó además de pan y café hirviendo la siguiente pregunta: ¿Eres quien quieres ser?
Y claro, no estaría ahora pensando de más de haber llegado a mí una respuesta afirmativa o una evasión. De haber asentido no quisiera ahora recortar mi cabello, teñirlo, hacerle un flequillo, cambiar el color de mis labios para después de clases, o las personas que están a mi lado.

Dice Sabina que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver, pero he hablado ya de encierros, de paredes que no son cuatro, pero que acojonan, y sé también que es ahí donde mis monstruos bailan. Donde soy la que anhelo, donde las baldosas amarillas ceden paso a mis vestidos floreados, donde mis brazos al descubierto no sufren de pena y los espejos tienen pactos con los ojos que quiero que me miren, y que me miren bien, cómo sonrío, cómo se ilumina mi rostro tras el resplandor del sol, que mire el ceño que tanto le critico a papá pero que para mi fastidio traigo en la frente, o cómo el invierno además de burlarse de mi sistema inmunológico me hace lucir más guapa.

Quizá elegí un mal día para pensar de más. No pienso seguir escribiendo por hoy, sólo puedo decir que he abierto ya la puerta, esperando que no le teman a la oscuridad...

Sí, es amenaza.