miércoles, 13 de enero de 2016

Que nadie, Cielito lindo, me arrebate tu lunar.


El año se me fue, debo admitir que escribí muy poco; hubieron días febriles de casi cuarenta, me subí a trenes que van hacia ninguna parte, yo, simplemente abrí la ventanilla, encendí un cigarrillo y disfruté el viaje.
Me pusieron esos frenillos que desnudaron mi timidez, ahora, todo lo quiero arreglar sonriendo. 
Me atreví a usar el labial violeta que anhelaba y dejé rastro de él en un par de mejillas que me dijeron adiós.
Creció unos centímetros mi cabello, después de aquél conflicto bélico entre la paciencia y mi ansiedad por cambiar continuamente y adelgazó mi vanidad, esta vez no lo hice yo.
Brinqué en más de un concierto, regalé canciones y motivos, más de cien, por cierto.
Me mudé a la sección de ficción de aquél librero propiedad de papá, que causa alergia del polvo que desprende. Abrí el libro de hojas amarillentas producto de un abandono y me dormí en brazos de un microcuento. 
Hipotequé el único lunar que se ve en fotografías, aquél punto egoísta que no le permite al maquillaje hacer su trabajo; sigo en la sección de ficción, abrigándome de metáforas que hablan de lluvia y nieve, esperando saldar mis deudas, ya el destino me hará justicia un día.
Me voy por hoy, que este lugar es sombrío, me han cortado la inspiración...
...olvidé pagarla.






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