miércoles, 15 de junio de 2016

Te lo hubiera quitado todo, incluso el miedo a las alturas.

Si la moneda que lancé en aquella fuente medio llena de esperanza decidiera cumplirme un deseo, le suplicaría me permitiera ser la que por elección hoy está contigo. 

Despertaría puntualmente con tu camisa puesta y despojada de mil "te quiero"
sería feligrés del santo que custodia tu cuello.
Antes de ir al trabajo habremos recorrido el mundo de polo a polo,
cada abrir de piernas sería un destino distinto,
no extrañarás París porque estará en el roce de nuestros labios,
habría guerrillas en todas las regiones de la cama, 
y mi gloria sería fallecer herida por tus costillas.

Si el azar voltea y obedece a esta ansiedad de ti, estoy segura que me concedería ser ella.

Quiero ser ella, levantar la cabeza y contemplarte veinte centímetros a lo alto, 
saber que eres el skyline que tiene en la cima el panorama de mis horizontes.
Quiero su nombre que sabes de memoria, 
ser la causa de la sonrisa estúpida que haces al mirar el móvil mientras caminas.

No quiero sus ojos, porque jamás alguien te ha mirado como lo hago yo,
quiero sus manos y ser la que camina sujeta a ti,
ser a quien besas mientras las luces de semáforo se tiñen de rojo,
 y escondernos el caos de la ciudad en un abrazo.

Si la vida me concediera aquel deseo, elegiría ser ella, con todo y tus mentiras y ganas de mí.