lunes, 6 de marzo de 2017

Perdón por los bailes.

Hubiera preferido jamás conocer tu nombre para no anudarlo al mío, quedarme con la esperanzada incógnita corriéndose por mi garganta mientras tú bailabas con la rubia de vestido rojo que te observaba como quien ha bebido cuatro copas de valentía.
Retroceder un par de pasos y permanecer sentada en la barra de aquel bar que ahora frecuento; negar mis dotes de bailarina y darle la espalda a esa propuesta tuya para así evitarme esta vergüenza que yace del bolsillo izquierdo donde guardo a menudo el móvil, con la gris y cruda notificación de un ser que es ignorado. "Quizá sigue dormido", me miento tras mirar la pantalla, evadiendo que no volverás a llamar, porque el silencio grita cuánto le importas o no a alguien y en ese momento yo ya tenía la respuesta.
Quisiera no haber tomado tu mano, besado tu cuello, desenredado tu barba, enmarañarte a mis cabellos, sumergirme en la profundidad de tus anteojos que esa madrugada afirmaban tener miedo de verme lejos de ti.
Me he armado y desarmado tantas veces que podrían vender mi alma en la cajita de un puzzle de mil piezas, para que los pacientes me dediquen su tiempo, sabiéndose víctimas de un juego cuyo desenlace anhelan. Que no me quieran fácil y descomplicada, y procuren no comenzar por las esquinas, que su audacia los dirija al centro, donde cada movimiento es un reto que despeja el aburrimiento.
Ansío tiempo valorado, de ése que hablas con cierta presunción haciéndole saber a todo el que se encuentre a tu alrededor que cada segundo invertido ha merecido la pena.
No busco escondites ni laberintos, quiero que al final todo empiece como el paisaje que estabas esperando. ¿O no es así como se cumplen los sueños?

2 comentarios:

  1. Llevo un par de meses atento a tu blog y debo agradecer la honestidad con la que te exploras y exploras el mundo que te rodea. Tus textos tienen una gran virtud: hacen las preguntas correctas, y eso permite que todos podamos entrar y salir de ellos con preguntas necesarias que quizá no nos haríamos de otro modo.
    Te mando saludos y sigo atento a tu blog.
    César (cesar.ambritz@gmail.com)

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    1. César, no tienes la felicidad que me provoca leer que mis textos llegan a alguien, llevándose de esas preguntas de las que ahora hablas.

      Este espacio soy yo, a puertas abiertas, sin máscaras. }¡Gracias por apreciarlo!

      Un abrazo.

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