martes, 23 de mayo de 2017

Carta al cielo

La puerta de casa se cierra por última vez para mí. Observo el luto anticipado de los que un día juraron amarme. Se inundan sus rostros de lágrimas. Inoportuna es la risa del niño que ignora lo ocurrido.

Del vetusto armario yace el vestido que mejor acentuaba mi figura. Mamá desconsolada arropa mis alas y deja al descubierto mis pies; "quiero llegar bailando al cielo", le dije un día, como sentencia que no olvida. 

La lista de cosas por hacer quedará pendiente dado tal contratiempo. Se hablarán de mis glorias, de lo valiente que era al llamarme cobarde y el fastidio que causaba mi risa en el patio del colegio. Que amé a papá como a ningún otro hombre y que quizá él no lo sepa (o ahora se entera). Que entendí que el amor es mera sincronización de tiempo, espacio y forma, y a modo de petición que no me llore quien no me quiso.

En vida recibí un racimo de bienintencionadas rosas rojas en manos de la timidez y quebrantado ego de la persona al que heredé mi memoria, no busquen más derechos particulares porque no existen. 

Pese a mi desnudez de entrañas siempre seré un corazón latente, porque  la vida se trata de dar a manos llenas aunque se nos vacíe el alma. 

Hoy se cierra por última vez la puerta a la que corría en punto de las veintidós horas cada noche por el arribo de papá con el pan caliente para cenar en la mesa que ocupábamos sin falta siete. Me quedo fuera y no hay retorno aunque las plegarias así lo pretendan. 

No me voy, me quedo siempre, con un cuerpo que no verá pasar el tiempo, con una última melodía en mi cabeza (para no perder la costumbre).

Sécate los ojos, canta y no me llores, "Cielito lindo", que en tu mirada vivo. 

"Always remember there was nothing worth sharing like the love that let us share our name." 

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